Asertividad ¿Qué es?
El concepto de asertividad hace referencia a la capacidad de comunicar a otras personas nuestros sentimientos y necesidades, tratando de no herir ni ofender a los demás a la misma vez. Sin embargo, para conocer todavía más en profundidad qué es la asertividad, necesitamos hacer una correcta definición según la psicología.
La asertividad forma parte de las habilidades sociales. Se trata del conjunto de conductas y pensamientos que nos permiten defender los derechos propios sin agredir ni ser agredido. En resumidas cuentas, es comunicarnos con el resto de personas tratando de respetarlas a la vez que nos respetamos a nosotros mismos.
En principio, para que se produzca una adecuada comunicación entre dos personas, una de ellas ha de comunicar algo y la otra persona ha de escucharlo. La asertividad forma parte de la manera en la que una persona se comunica y se expresa, pero también tiene influencia en la forma en la que la persona que reciba el mensaje lo perciba. Veamos un par de ejemplos prácticos que facilitarán tu comprensión de este concepto.
Ejemplos
Pongamos la situación siguiente: acudes a un restaurante a cenar. El camarero te trae lo que habías pedido, pero te das cuenta de que la copa está sucia, que tiene marcas de pintura de labios de alguna otra persona. Ante esta situación podrías:
1) No decir nada, no expresarte y usar la copa sucia aunque a disgusto.
2) Crear un gran escándalo en el local y decir al camarero que nunca volverás a ir a ese restaurante, lanzando un par de faltas de respeto leves al camarero y los trabajadores.
3) Llamar al camarero y pedirle que por favor te cambie la copa.
¿Qué crees que harías tú? Ni la primera opción ni la segunda son conductas características de la comunicación asertiva. En esa situación, si lo que pretendemos es reducir nuestro estrés, llevar a cabo nuestros derechos y tratar a las demás personas con respeto, la tercera opción es la más asertiva de las ofrecidas en este ejemplo. Por tanto, la tercera opción es un ejemplo de conducta asertiva.
Veamos un segundo ejemplo en una situación de relación más personal. Recientemente has comenzado a compartir piso con otra persona que es bastante descuidada en la limpieza de la casa, mancha las zonas comunes y no las limpia y en ocasiones utiliza utensilios que son tuyos y no los limpia. Ante esta situación podrías, entre otras cosas:
1) No decir nada y no expresarle tu visión, es decir, hablando de forma coloquial, sencillamente “aguantarte”.
2) Armar una gran discusión donde le intentes imponer tu visión del asunto, acompañada quizás de algún ataque personal y alguna falta de respeto, tal como decirle “es que eres una persona muy descuidada, eso que haces de ser un/una … “
3) Expresar tu visión de lo que ocurre, dando argumentos de forma respetuosa en los que expliques los motivos de tu malestar, lo que sientes y piensas al respecto, marcando unos límites que aseguren que te respete tanto a ti como a tu espacio.
En ambos ejemplos, en la opción 1) no expresamos nuestro punto de vista y no estamos ejerciendo nuestro derecho a hacerlo. Además, si no nos expresamos la otra persona no podrá saber cómo nos sentimos o qué pensamos, por lo que probablemente se cree su propia visión sobre lo que nosotros podamos estar sintiendo y pensando. No sería lo más adecuado esperar que alguien nos comprenda y actúe como a nosotros nos gustaría si no le expresamos qué es lo que nos gustaría. La idea es expresar nuestro punto de vista, no para cambiar la forma de actuar de los demás, sino para manejar nuestra forma de comunicarnos de la forma que consideremos más adecuada.
En la opción 2), pese a que sí expresamos nuestro punto de vista, lo hacemos de forma agresiva, algo que puede hacer que la otra persona se sienta ofendida o agredida y que puede provocar que además esa persona no nos escuche, dificultando así la comunicación.
Comunicarse de forma asertiva si no acostumbras a hacerlo, suele requerir una cierta práctica y esfuerzo. Alguien podría pensar “a mí nadie me enseñó a comunicarme”, pero de forma más directa o menos, sí que hubo unas personas que nos sirvieron como ejemplo y modelo y de las cuales aprendimos muchas cosas, por ejemplo a cómo comunicarnos con el resto de personas. ¿Y de quién aprendimos la mayoría de cosas? Quizás ya puedas intuir la respuesta, pero como me gustaría ser claro en la comunicación en este artículo lo diré yo: de los padres. La etapa de la vida en la que se asientan las bases de una persona es la infancia. Si vimos que nuestros padres tendían a ser agresivos en la forma de comunicarse entre ellos, es bastante probable que tengamos una cierta tendencia a serlo igualmente con nuestra pareja, por poner un ejemplo. Es responsabilidad y decisión de cada uno/a trabajar en estos aspectos de su personalidad o no
¿Cómo puedo mejorar mi asertividad?
No es algo sencillo ni que se mejore de la noche a la mañana. Un primer paso puede ser identificar si tendemos más hacia ser pasivos o agresivos, en qué situaciones nos ocurre e ir probando a modificar nuestra forma de comunicarnos poco a poco. Aquí dejo algunas ideas falsas que suelen ser comunes en personas que tienden a ser pasivas:
- – No hay que interrumpir nunca a la gente. FALSO: Tenemos derecho a interrumpir a su interlocutor para pedir una explicación.
- – Los problemas de uno no le interesan a nadie más y no hay que hacerles perder el tiempo escuchándolos. FALSO: Tenemos derecho a pedir ayuda o apoyo emocional.
- – Hay que adaptarse a los demás, si no es posible arriesgarnos a perder una amistad. FALSO: Tenemos derecho a decir «NO».
- – Cuando alguien tiene un problema hay que ayudarle. FALSO: Tenemos derecho de decidir cuándo prestar ayuda a los demás y cuando no.
Resumiendo, la asertividad es expresar nuestro punto de vista respetando el de las demás personas. Si consideras que pudieras tener dificultades en alguno de los aspectos expuestos en este artículo y quisieras ayuda para trabajar en ellos, puedes ponerte en contacto conmigo y podemos tratar de trabajar en ello.
Mi web: davidgraneropsicologo.es
Mi Facebook: Facebook
Mi Instagram: Instagram
